De genes y arte: un vistazo a las bases genéticas de la creatividad musical y dancística.

Música
Liszt at the Piano – Josef Danhauser
“La música expresa aquello que no puede decirse, pero que tampoco puede quedarse guardado”, decía Victor Hugo. La música representa uno de los componentes más bellos de la vida, ¿pero qué nos hace capaces de percibirla y hacerla? ¿Existe una razón por la cual esta característica se haya conservado a lo largo de la evolución humana?
La función biológica y la evolución por selección natural de la aptitud y de la percepción musical es materia de gran especulación. Darwin afirmaba que el canto es utilizado por los jóvenes para atraer a los miembros del sexo opuesto, representando una ventaja selectiva; este argumento ha sido sofisticado recientemente, en una generalización que incluye al arte en general, y que afirma que el impulso por hacer arte es una manera para impresionar a posibles compañeros sexuales con la cualidad de nuestras capacidades, y por tanto, de nuestros genes, pues (en palabras de la doctora Isabelle Peretz, neuropsicóloga de la Universidad de Montreal) “el virtuosismo musical está distribuido de manera desigual, es demandante, es difícil de fingir y es ampliamente gratificado”. 

Entre otros fenómenos que pueden estar relacionados con la ventaja selectiva de la percepción musical están los arrullos de la madre, los cuales están implicados en aumentar el apego del niño hacia ella, y también la ejecución de música en conjunto, pues esto puede aumentar la cohesión grupal. Esto último se relaciona más con ventajas selectivas a nivel social, en lugar de individual.

¿Pero, somos todos capaces de percibir la música de la misma manera? 

Puede afirmarse que no, pues existe una parte de la población que presenta amusia, es decir, la discapacidad para detectar diferencias tonales. 

Las personas amúsicas, por ejemplo, son incapaces de detectar notas fuera de tono incluso en las melodías más simples. Además, cuando estas personas se desenvuelven en una cultura donde se habla un idioma tonal -como el mandarín, en el que las variaciones en el tono de las palabras implican variaciones en el significado- entonces, la deficiencia en la discriminación en variaciones tonales implica también una discapacidad del lenguaje

Estudios con gemelos con pruebas de ponderación de la capacidad de percepción tonal, indican que la percepción tonal tiene un componente genético importante con una heredabilidad estimada del 0.70-0.80.

Sin embargo, la percepción tonal es solamente uno de los componentes de la habilidad musical, pues de la misma manera que la capacidad para distinguir colores no hace a un pintor, la habilidad para distinguir tonos no hace a un músico: hace falta hablar también sobre la creatividad, la habilidad para estructurar los sonidos y la habilidad mecánica para utilizar instrumentos musicales.

La habilidad mecánica para utilizar algún instrumento sin duda tiene un componente de práctica y adiestramiento predominante. Las técnicas de digitación para cualquier instrumento están basadas en la repetición y en el acondicionamiento, y son la base para el desempeño correcto y la ejecución de piezas musicales de determinada complejidad. 

Pero no puede decirse lo mismo con respecto a la creatividad musical y la habilidad para la estructuración auditiva. 


En el 2009, el grupo de la doctora Irma Järvelä (Universidad de Helsinki) publicó un estudio muy interesante en el que se analizó la asociación entre distintos haplotipos para algunos marcadores genéticos, una encuesta sobre creatividad y el puntaje en tres pruebas de habilidad musical.

El estudio fue realizado con miembros de 19 familias finlandesas. La encuesta sobre creatividad se elaboró para obtener información sobre tres diferentes actividades creativas: composición, arreglo e improvisación musical. 

Las tres pruebas de habilidad musical fueron las siguientes: Karma Music Test y los componentes de tono y tiempo de la prueba de Seashore. La Karma Music Test está diseñada para medir la capacidad de estructuración auditiva, de tal manera que se minicen los efectos del entrenamiento y el influjo cultural; mientras que las pruebas de Seashore se centran en medir capacidades sensoriales simples, como las variaciones en el tono y el tiempo de un sonido.

Los investigadores descubrieron que las personas con capacidades creativas reportaban un puntaje más elevado y de significancia estadística en las pruebas de habilidad musical, a comparación con las personas no-creativas. Además, la heredabilidad estimada de la creatividad (tal cual reportada en las encuestas) se calculó en 0.84 (p=1.6×10-9), mientras que para los resultados conjuntos de las pruebas de habilidad musical, fue de 0.44 (p=2.8×10-5).

Pero el resultado más interesante es la asociación de haplotipos de la región promotora del gen AVPR1A con los resultados de las encuestas sobre creatividad y las pruebas de habilidad musical. Es interesante señalar que este gen también se ha asociado con características de conducta social y comunicación en humanos, como la personalidad, el autismo, el altruismo, el primer contacto sexual en humanos y, curiosamente: con el desempeño en la danza creativa.

Danza
Los bailarines pueden considerarse como atletas del escenario, pues además de un sólido acondicionamiento físico y coordinación motriz, requieren habilidades de percepción musical y desenvolvimiento artístico.

En un estudio publicado en el 2005, Bachner-Melman, Richard P. Ebstein y colaboradores descubrieron una asociación significativa entre la ya mencionada región promotora del gen AVPR1A con los resultados del factor de Dependencia a la Recompensa en el Cuestionario Tridimensional de la Personalidad de Cloninger’s, así como la región promotora del gen SLC6A4 con los resultados en la Escala de Absorcion de Tellegen (medida para estados alterados de la conciencia).

El gen SLC6A4 codifica para un transportador de serotonina. Su variante de promotor corto –la que tiene menor eficiencia transcripcional- fue asociada a altos resultados en la Escala de Absorción de Tellegen, y debido a que la liberación de vasopresina está regulada parcialmente por serotonina, los autores proponen un interesante modelo para el fenotipo dancístico, en cuanto a las bases genéticas de su componente emocional.

Modelo de las bases genéticas del fenotipo dancístico.
Tomado de Bachner-Melman, et al., (2006).
 
Finalmente, los autores no dejan de hacer notar que sus descubrimientos solamente implican que ciertos haplotipos de los genes SLC6A4 y AVPR1A están sobre-representados en los bailarines, a comparación de personas atletas y no-bailarines.


En conclusión, es claro que las habilidades artísticas no son completamente determinadas por el componente genético, pues la experiencia y el acondicionamiento juega un papel determinante; sin embargo, la creatividad es un terreno distinto a la mera capacidad de interpretación, pues implica componentes que no se limitan a las capacidades motrices, y al menos dos genes se han encontrado asociados con la creatividad musical y de danza –artes que, en algunas culturas, son designadas por un mismo vocablo- a saber, AVPR1A, un receptor de la hormona arginín-vasopresina, y SLC6A4, un transportador de serotonina.


Por lo menos para mí cada vez va quedando más claro eso de que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”… o al menos unos genes.

Un pensamiento en “De genes y arte: un vistazo a las bases genéticas de la creatividad musical y dancística.”

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