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Biohacking en México: talento y visión

 

  • En México existen varios grupos de biohackers; algunos se concentran democratizar la ciencia y tecnología, mientras que otros se enfocan en acelerar la innovación y promover el emprendimiento en biotecnología.
  • Los principales retos para los biohackers mexicanos son la falta de profesionalización de su adminstración–casi todos están formados por voluntarios recién egresados- y la falta de apoyo institucional –las universidades en México no tienen experiencia con este tipo de grupos, según el testimonio de los biohackers.
  • Dos grandes oportunidades para el desarrollo del sector biotecnológico en México son la gran biodiversidad del país y su capital humano altamente calificado. Los biohackers buscan construirse las oportunidades que no hay en el país para los profesionales de la biotecnología.

 El bricolaje y su consigna de hágalo usted mismo han motivado a aficionados por generaciones para mejorar su entorno. En cualquier quiosco pueden encontrarse revistas que describen paso a paso cómo armar tu propia alacena o cómo hacer para que las orquídeas no se nos sequen en el jardín. Pero hay cierto tipo de proyectos que escapan a las posibilidades de incluso el club de aficionados al bricolaje más tenaz. Son el tipo de proyectos donde se requieren especialistas con conocimientos profundos o que necesitan de gran infraestructura y que solamente caben en las carteras de las empresas o institutos de investigación: encontrar nuevos medicamentos, construir plantas generadoras eléctricas, armar autos en serie.

Los profesionales y aficionados están en polos opuestos de un enorme espectro, pero el bricolaje va acercándose más a lo que antes era dominio de los especialistas. Hace solo unas décadas, la programación y la electrónica se hacían casi exclusivamente en los laboratorios de los institutos; hoy abundan en YouTube los tutoriales para aprender a programar bots de internet con Python o para construir sensores con Arduino o Raspberry Pi. 

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Dr. Ernesto Ladrón de Guevara (izquierda) y compañero de Biohackademy

Hackeando la vida

Los biohackers –también conocidos como biólogos DIY, es decir, hágalo usted mismo por sus siglas en inglés- están convencidos de que es el turno de la biotecnología para entrar en las fronteras del bricolaje. Estos grupos se construyen sus propios aparatos de laboratorio a una fracción del costo de mercado –biorreactores, termocicladores, agitadores– y se involucran en proyectos de ciencia ciudadana. Pero no la tienen fácil: la biotecnología moderna es fundamentalmente diferente de la electrónica y la programación. El avance de la electrónica DIY acelerado por la explosión del mercado de consumibles electrónicos. Por ejemplo, con cincuenta dólares es suficiente para adquirir una tarjeta Arduino y empezar a construir un sensor de temperatura; si se quiere hacer una nueva app para teléfono y ponerla en línea, es posible tener prototipos en un mismo día. En cambio, en biotecnología, prototipar no es sencillo. Los laboratorios de las empresas y de los institutos invierten fuertemente para, por ejemplo, dar con una cepa de levaduras o bacterias que produzca un medicamento a gran escala.

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Taller de cerveza artesanal en Tepache Hacklab

A pesar de esta gran diferencia entre disciplinas, los biohackers han adoptado estrategias para hacer accesible el bricolaje biotecnológico, y una de las estrategias más productivas es sostener un espacio de trabajo con oficinas y laboratorios afiliados a una universidad o en colaboración con alguna compañía. Estos biohacker spaces tienen una infraestructura y una organización que no siempre son costeable por aficionados, pero que la universidad o compañía puede financiar con donativos y otros fondos. Además, organizan actividades educativas y se involucran en proyectos de ciencia ciudadana, transformándose en muestras de responsabilidad social.

Por ejemplo, el laboratorio público “L’éprouvette” de la Universidad de Lausana, Suiza, organiza con regularidad actividades educativas -como exhibiciones científicas y diferentes talleres, algunos dirigidos a niños y jóvenes, pero también otros dirigidos a profesionales de la educación-, y también proyectos especiales en coordinación con algunos de sus investigadores -como el proyecto de investigación genómica Napoleome. O también el La Paillasse en París, Francia, quienes tienen un proyecto de big data sobre la epidemiología del cáncer donde colaboran con Roche y reúnen biólogos, matemáticos, informáticos y expertos en estadística.

Los diferentes grupos de biohackers en el mundo se reúnen para fomentar la ciencia ciudadana, para educar, para formar prototipos de aparatos y productos, ¿pero es posible realizar proyectos de este tipo en México? Entrevistamos a cuatro grupos de biohackers de México para conocer un poco más las motivaciones detrás de sus actividades y también conocer de primera mano sus logros y retos. Aunque estos tres grupos no son todos los que hay en México, sus experiencias y orígenes son diversos, y también reflejan diferentes maneras de practicar la biología DIY. Se trata de Biohackademy, GeneGarage, Tepache Hacklab, y el grupo de biohackers de Yucatán.

 

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Presentación en Tepache Hacklab

Las actividades

Biohackademy se ha enfocado en la educación científica en la región de la Ciudad de México. El Dr. Jorge Marcos, co-fundador del grupo, nos comenta que regularmente organizan talleres acerca de biología molecular e impresión 3D. Tienen además la visión de fomentar la ciencia ciudadana y la democratización de la tecnología. Por su parte, el Dr. Ernesto Ladrón de Guevara, otro co-fundador del grupo, comenta que tiene la convicción de que la ciencia debe estar abierta para todos y de que esta apertura debe prevalecer sobre intereses comerciales. Como otros grupos, han intentado construir sus propios equipos de laboratorio, como agitadores para matraces, y se han aliado con makers como Hacedores así como algunos laboratorios de la UNAM. Sigue a Biohackademy en Facebook.

Video: agitador de matraces DIY con Biohackademy

En el occidente del país está el equipo GeneGarage fundado en 2014, quienes se han enfocado a organizar actividades para acercar a los biotecnólogos mexicanos al vibrante mundo de las startups tecnológicas. El grupo también trabaja para acercar a los inversionistas a jóvenes científicos y a hacer difusión de la biotecnología a través de talleres dirigidos a todo público. Hasta ahora GeneGarage es el único grupo que ha conseguido reunir la experiencia de los inversionistas y emprendedores con la visión de los jóvenes biotecnólogos. El grupo ha adoptado el modelo de biohacker space para establecer un puente entre la innovación y el emprendedurismo en biotecnología. Síguelos en Facebook y en Twitter @GeneGarage

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Asistentes de la competencia TecnoX 2017, cuyo comité local de organización contó con miembros de GeneGarage, Biohackademy y la UNAM

Tepache Hacklab es un laboratorio de hackers ubicado en Guanuajuato. Joel de la Barrera, uno de sus miembros, nos comenta que entre las actividades que han realizado se encuentran talleres de biotecnología tradicional –por ejemplo, un taller de cerveza artesanal-, además de actividades difusión como pláticas, material escrito y de vídeo. Joel tiene la convicción de que el biohacking tiene mucho que aportar a las economías en desarrollo, como la de nuestro país: “El biohacking es un medio para democratizar el acceso a la biotecnología y el desarrollo científico y tecnológico en países en desarrollo. A través de él buscamos herramientas accesibles, colaboración, desarrollo de proyectos y dar difusión al conocimiento científico y técnico fuera de la academia y la industria”; nos comenta. Sigue a Tepache Hacklab en Facebook.

Video: Joel de la Barrera de Tepache Hacklab en entrevista sobre Biohacking

Finalmente, el grupo de biohackers de Yucatán es un grupo en ciernes que tiene su origen en un proyecto que participó en el Certamen Nacional de Emprendedores y que reunió a ingenieros en biotecnología y mecatrónicos. El grupo ha construido biorreactores DIY controlados por Arduino. “Le pedimos a un tornero que nos fabricara el cilindro para el biorreactor”, nos comenta Raziel Cachón Herrera, fundador del grupo, y agrega: “al final nos costó aproximadamente diez mil pesos tener el prototipo ”. El ingeniero en biotecnología también nos comenta que esperan pronto organizar los detalles de la operación de sus biorreactores para compartirlos con el público y motivar a otros grupos para adoptarlos. 

Los retos

En un país en vías de desarrollo como México, la ciencia se enfrenta a múltiples retos: falta de inversión, un mercado poco desarrollado y una fuerte dependencia a la importación de tecnología, por mencionar algunos. Pero estos retos parecen ser un estímulo para los biohackers de México. Todos los entrevistados admitieron que la falta de infraestructura ha sido una motivación para convertirse en biohackers e intentar hacer sus propios aparatos de laboratorio.

La falta de inversión también es causa de que la innovación y los empleos en el sector biotecnológico sean escasos, pero este también es un reto que ha motivado las actividades de GeneGarage en particular. Ana Sofía Arreola comenta que la mayoría de los biotecnólogos mexicanos desconocen los mecanismos legales y financieros que existen en México para poder transferir sus desarrollos tecnológicos, y que el desconocimiento va también en sentido contrario: los inversionistas no conocen el potencial de la biotecnología y optan por inversiones en negocios tradicionales.

Ana Sofía también ha notado que los biotecnólogos emprendedores frecuentemente tienen proyectos que no tienen un pitch firme. “Los proyectos exitosos casi siempre parten de algo que ya ha estado funcionando y que plantean planes concretos a los inversionistas”, dice la joven ingeniera y menciona como ejemplo a un proyecto en el que se necesitaba solamente escalar la producción de un producto que ya había sido prototipado con éxito.

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Taller de expresión de proteínas con Biohackademy

Los biohackers de México se enfrentan además a la falta de profesionalización de su administración y la falta de apoyo institucional. Casi todos los biohackers mexicanos son voluntarios recién egresados que esperan contribuir al bien común del gremio biotecnológico del país. Pero claramente este no es un modelo hecho para durar. Las universidades y compañías podrían intervenir para generar proyectos y llenar los huecos en la organización y administración de los biohacker spaces, tal y como sucede en otros países; sin embargo, las universidades mexicanas todavía no tienen experiencia con este tipo de grupos de innovación, según algunos de los entrevistados.

Las oportunidades

Video: reunión de biohackers latinoamericanos

Un país megabiodiverso como México debería ser terreno fértil para la biotecnología, pues la biodiversidad es una ventaja competitiva para la búsqueda de nuevos productos naturales y fármacos. Pero la realidad es que en México escasean los empleos para profesionistas de ciencia y tecnología. Además, conforme la biodiversidad se ve reducida por la deforestación y el cambio climático, y conforme otros países megabiodiversos aceleran sus actividades biotecnológicas, la diversidad biológica podría dejar de ser una ventaja competitiva para nuestro país.

Los biohackers del país no pierden de vista esta gran oportunidad y trabajan con la aspiración de poder acceder a la diversidad biológica del país y usarla para beneficio de nuestras comunidades. “Hay una gran oportunidad en buscar metabolitos secundarios de plantas y hongos”, comenta Ernesto de Biohackademy, mientras que Ana Sofía de GeneGarage comenta que hay una gran oportunidad en el uso de materiales de desechos orgánicos, como los desechos de la industria camaronera que pueden ser transformados en biomateriales. Finalmente, la industria biotecnológica en México depende fuertemente de las importaciones de reactivos y equipo; los biohackers aspiran a poder fabricar materiales, como kits de extracción de ADN, y sus propios equipos de laboratorio, ¿y porqué no?, emprender con base en sus desarrollos.

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Taller de biotecnología organizado por Raziel Cachón y el grupo de biohackers de Yucatán

 

Falta trabajo, pero a México ya no parecen hacerle falta más profesionistas para liderar el avance del sector biotecnológico: en 2011, egresaron alrededor de 18,000 profesionales relacionados con la biotecnología en el país, sin contar a quienes trabajan ya en los institutos y empresas alrededor del mundo. Y lo que quizá también le hace falta es una infusión de fe y recursos por parte de nuestras instituciones y el sector privado hacia jóvenes de talento y visión como el Dr. Ladrón de Guevara, Dr. Jorge Marcos, Ana Sofía Arreola, Joel de la Barrera y Raziel Cachón. Estos biohackers son unamuestra del optimismo de los jóvenes científicos de México, quienes dedican sus energías para crearse las oportunidades que todavía no hay en el país.

Bioseguridad – Parte II

Biología Sintética y Bioseguridad

En el 2008 fue publicado un manuscrito sobre Biología Sintética y bioseguridad. Su autor, (el doctor Markus Schmidt de la Organización para el Diálogo Internacional y Gestión de Conflictos) es uno de los personajes que han estado más involucrados en la escena de la bioseguridad y, recientemente, las implicaciones que tiene la Biología Sintética al respecto. En su publicación, el Dr. Schmidt (quien en el pasado también se ha preocupado por asuntos de pérdida de biodiversidad y análisis de riesgos en transgénicos) hace referencia a la jerarquización de la abstracción en Biología Sintética llamándola “la agenda de des-habilitación de la Biología Sintética” y da entender que al volver la Ingeniería Genética una actividad “fácil de emprender” se estaría en camino a la reducción de costos en la producción de sustancias ilegales y la generación de organismos modificados por el público “ajeno a la comunidad biotecnológica tradicional” como los biohackers.
Sin embargo, considerando las realidades del movimiento DIYbio, quizá una de las preocupaciones menos sensacionalistas con respecto a la bioseguridad y la Biología Sintética son las implicadas con las tecnologías de síntesis de DNA.
Después de que el Instituto J. Craig Venter anunciará en el 2010 la generación de la primer célula con un genoma sintético capaz de replicarse, el presidente de los Estados Unidos encargó a la Comisión Presidencial para el Estudio de Asuntos Bioéticos la elaboración de un reporte donde se esclareciera qué es la Biología Sintética y sus implicaciones potenciales en la medicina, el ambiente y seguridad.
En el reporte, la Comisión señala que las diversas actividades dentro Biología Sintética descansan sobre dos pilares: “la síntesis de DNA y los procesos estandarizados y automatizables para crear nuevos sistemas bioquímicos u organismos con características mejoradas”.
Luego de discutir los beneficios en materia de biocombustibles, salud, alimentos y ambiente, la Comisión hace una referencia a una precoupación en particular: el riesgo de que las tecnologías de Biología Sintética sean utilizadas para sintetizar genes o genomas enteros de organismos patógenos. En el reporte se da a entender de que a pesar de que las secuencias de DNA pertenecientes a este tipo de genes y organismos estén disponibles en bases de datos públicas, no es suficiente solamente contar con esta información para formar un patógeno sintético, debido al costo y a los requerimientos técnicos.
Al respecto, en el 2007 en otro reporte -esta vez por parte del Consejo Asesor Científico para la Bioseguridad, también de Estados Unidos- se afirma que a pesar de que sea relativamente sencillo sintetizar, “la ciencia de ensamblar y expresar virus es más compleja y algo así como un arte”.
Sin embargo, la síntesis de DNA es una actividad que debe seguir ciertos estándares. En Estados Unidos, la guía para esquemas de sondeo para proveedores de DNA de doble cadena sintético da recomendaciones sobre cómo este tipo de compañías deben analizar sus pedidos y qué hacer en el caso de detectar anomalidades en ellos. Pero para las compañías es voluntario seguir esta guía. Otros estándares han sido elaborados por la iniciativa privada, destacando el de la Asociación Internacional de Biología Sintética y el del Consorcio Internacional de Síntesis de Genes.
iGEM y bioseguridad

El Dr. Schmidt hace también referencia al iGEM como uno de esos mecanismos de difusión de la Biología Sintética que representan una amenaza en materia de bioseguridad. Sin embargo, durante el proceso de la competencia, cada proyecto de iGEM pasa por una evaluación de bioseguridad y es calificado de acuerdo a cómo sacó adelante su proyecto en el caso de que tuviera algún aspecto de relevancia en cuanto a bioseguridad.

De hecho, en el 2010, un proyecto tuvo como su principal enfoque el tema de bioseguridad. El equipo Virginia Tech-ENSIMAG desarrolló un software para sondear secuencias que tomaba en cuenta también modificaciones como optimización de codones o con mutaciones aleatorias.
Finalmente, en el 2011, tres equipos fueron reconocidos por sus prácticas de seguridad (IIT-Madras, Gaston Day School e Imperial College).
Comentarios finales
Las riesgos en materia de bioseguridad con respecto a la Biología Sintética no deben ignorarse, pero no debe aceptarse el discurso que pretende exagerarlos al repetir los riesgos asociados a la Biotecnología en general como si fueran novedades asociadas a la Biología Sintética. La característica distintiva en cuanto a bioseguridad para la Biología Sintética son los peligros asociados a la síntesis de DNA y es un aspecto sobre el cual las compañías dedicadas a esta labor han comenzado a adoptar estándares de prácticas. Además, la sola síntesis de información genética no es suficiente para generar un organismo patógeno, pues esto resulta ser muy costoso y técnicamente demandante.
Por otra parte, los riesgos asociados al movimiento DIYbio tampoco deben exagerarse, sobre todo al considerar que el acceso a reactivos y organismos peligrosos está restringido y regulado. Todo lo contrario, el espíritu del movimiento DIYbio debe ser fuente de inspiración y motivación para los jóvenes científicos; sería interesante que la agenda de organizaciones de DIYbio incluyera también eventos o publicaciones en los que se comentaran los resultados o el estado de sus proyectos.
Las otras características distintivas de la Biología Sintética -es decir, la estandarización y la jerarquización de la abstracción- tampoco deberían representar una amenaza en materia de bioseguridad. En realidad, estos conceptos están enfocados más a facilitar la concepción, la esquematización y el análisis de circuitos genéticos y metabólicos por parte de profesionales de otras áreas además de la Biología. El temor a que personas ajenas al campo de la Biología pudieran llegar a generar (por accidente o con intención) en la realidad un organismo peligroso utilizando biopartes estándar como los BioBricks utilizados en la competencia iGEM es infundado, pues dentro del contexto de la competencia iGEM, una evaluación de bioseguridad es parte del proceso de cada proyecto; fuera de este contexto, los laboratorios institucionales requieren que los proyectos de sus investigadores, sin importar su disciplina, cumplan con ciertos criterios de bioseguridad indispensables al tratar con ciertos organismos y reactivos.
Es interesante señalar que el Dr. Schmidt hace referencia a la posibilidad de que la Ingeniería Metabólica pueden ser utilizadas para crear nuevos métodos de producción de sustancias ilegales.
La manera en la que el Dr. Schmidt introduce al término “Biología Sintética” dentro del discurso que utiliza para tratar el asunto también resulta igualmente interesante, pues hace referencia al trabajo del grupo Dr. Keasling en la producción de artemisinina.
Al respecto, me gustaría dar mi opinión: a pesar de que las sustancias ilegales constituyan un mercado muy grande, éste también es muy inestable, no tiene reglas y es característicamente violento; los grupos dedicados a esta labor tienen fuertes incentivos para detener la innovación en los métodos de producción que pudieran estar desarrollando sus rivales y la Biología Molecular es un área que requiere tiempo y estabilidad para ofrecer resultados.

Bioseguridad – Parte I



Bioseguridad, biohackers y DIYbio
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En enero de este año, un grupo de investigadores dedicados al estudio de la influenza publicó un llamado en el que se invitaba a la comunidad académica a suspender por sesenta días las actividades relacionadas con el virus de la influenza. El principal motivo para este llamado es la controversia que despertaron dos grupos de investigación desde la segunda mitad del 2011, cuyos trabajos sobre la generación de mutantes del virus de influenza aviar capaces de ser transmitidos de una especie a otra habían sido presentados a Science y Nature en espera de su publicación.


Los resultados y detalles técnicos descritos en estas publicaciones no son un asunto trivial, pues los mecanismos por los que el virus de la influenza adquiere la capacidad para ser transmitido de una especie a otra son de especial interés epidemiológico -las epidemias de influenza más severas se han asociados a eventos de transmisión zoonótica- y no habían sido suficientemente esclarecidos hasta entonces. 

Un escenario en el que esta información sea utilizada con fines de bioterrorismo o en el que se presente el escape accidental de estas cepas experimentales del virus son causa de preocupación global. El Consejo Nacional de Asesoría Científica para Bioseguridad de Estados Unidos (NSABB) requirió a ambas revistas que solamente publicaran conclusiones generales, omitiendo cualquier detalle que permitiera la replicación de los experimentos, restringiendo los detalles a petición directa.


Biohackers y bioseguridad
Frente al panorama que pintan las inquietudes más cimentadas en materia de bioseguridad – por ejemplo, el bioterrorismo, las tecnologías de síntesis de DNA y los riesgos asociados a la experimentación con organismos patógenos- contrasta la relativamente reciente emergencia de los llamados “biohackers” o “biopunks”.

La posibilidad de experimentar con la tecnología fuera del ambiente formal y académico ha sido uno de los principales propulsores del desarrollo de las tecnologías para la computación y siguiendo más o menos este mismo espíritu, el movimiento Do-It-Yourself Biology (DIYbio), desde su nacimiento en el 2008, ha promovido la aplicación de estos principios -es decir, la generación de tecnología “hecha en casa”- para el desarrollo en las ciencias biológicas.

¿Pero cómo sostener un laboratorio de garage si el equipo y los reactivos para hacer biología molecular son particularmente costosos? 

En el Manifiesto Biopunk (un documento que expresa los ideales del movimiento DIYbio) puede leerse “…rechazamos la percepción popular de que la ciencia sea realizada en laboratorios millonarios de universidades, gobierno o corporaciones”. Como testimonio de estos ideales, se encuentra Cathal Garvey, un joven irlandés de 26 años, quien con una inversión de $4,000 equipó un cuarto vacío en la casa de su madre para convertirlo en un laboratorio de DIYbio. También está el caso del quizá primer laboratorio de DIYbio, BioCurious, fundado en el 2008 con un presupuesto de $35,000 que fue obtenido a través de kickstarter.com; actualmente, por 100 dólares al mes, BioCurious ofrece acceso a sus instalaciones.

Los entusiastas DIYbio cuentan además con el respaldo de una gran cantidad de tutoriales disponibles en línea sobre cómo llevar a cabo experimentos y sobre cómo construir equipo de laboratorio, desde termocicladores para PCR casera (al respecto destaca el proyecto OpenPCR) hasta centrífugas construídas con piezas fabricadas por impresión en 3D

Sin embargo, la cuestión de bioseguridad es un tema que no puede hacerse a un lado cuando se trata de experimentar con organismos vivos y reactivos químicos y, sobre todo, ante la ausencia de la regulación característica de los laboratorios institucionales. 

Aquí es importante hacer distinción entre dos términos: biosafety y biosecurity. El primer término puede traducirse mejor como “bioprotección” y en general, se refiere a las prácticas que deben seguirse dentro de un laboratorio para evitar accidentes; por otra parte, biosecurity tiene un alcance más amplio e involucra conceptos de seguridad epidemiológica. Es común que estos términos se manejen indistintamente y que sean traducidos simplemente como “bioseguridad”. 

Es imposible asegurar que cada laboratorio casero pueda cumplir con algún estandar de bioprotección, pero información al respecto puede encontrase en línea. OpenWetWare es una plataforma en línea para compartir gratuitamente información sobre ciencias biológicas y bioingeniería, especialmente protocolos, experiencias de laboratorio e información sobre reactivos. Dentro de esta plataforma puede encontrarse un rudimentario manual de bioprotección que todavía se encuentra en edición

A la vanguardia en materia de bioprotección se encuentra la organización dedicada a DIYbio GenSpace. Esta organización cuenta con un laboratorio con estándar de biosafety level 1 en Brooklyn, Nueva York y cuenta con su propio comité de seguridad con consejeros que son miembros de departamentos gubernamentales, el MIT, la Universidad de Harvard, la Universidad de Cornell, la Universidad de Tel Aviv y la Universidad de Alberta.

Las aportaciones que pudiera generar el movimiento DIYbio se enfrenta al escepticismo de la comunidad mainstream de científicos (es decir, los científicos pertencientes a un laboratorio de alguna universidad, del gobierno o de alguna coroporación), quienes conocen mejor que nadie los costos asociados a la investigación en materia de biología molecular, tanto en términos monetarios como en tiempo. El doctor Tom Knight, pionero de la biología sintética, hizo un comentario para un artículo de Forbes sobre DIYbio publicado en el 2011 sobre la ingenuidad con la que son abordados problemas complejos y señaló que no deben olvidarse que existen diferencias fundamentales al hackear una computadora y pretender hackear un sistema biológico.

Pero la respuesta a la pregunta, ¿es el movimiento DIYbio una amenaza en materia de bioseguridad? probablmente sea: “no”, aunque con algunos “pero” importantes. Como razones principal al “no” está el hecho de que el acceso a organismos altamente patógenos se encuentra restringido a laboratorios institucionales y representan un riesgo a los propios experimentadores caseros; y está también el hecho de que el acceso a reactivos químicos, incluyendo DNA sintético, es regulado desde el nivel de proveedores. 

Sin embargo, un “pero” para la modificación de organismos en general y especialmente aquellos de importancia ecológica, es que sin duda el contexto ideal para llevarlos a cabo son las iniciativas colectivas como GenSpace, BioCurious y LA BioHackers. Un último “pero” es que no debe asumirse que las intenciones de todos los sectores del público que tiene acceso a la información biológica son positivas; el precedente sentado por el gobierno de Estados Unidos sobre la publicación de información de relevancia en materia de bioseguridad global (el caso de la influenza) al restringir esta información y hacerla solamete disponible por solicitud, es un acierto sin duda. 

Para el desarrollo positivo del movimiento DIYbio, es necesario continuar con la cultura del networking extensivo, pues en el caso de que alguna futura regulación requiera que toda aquella persona que se decida por aventurarse a unirse al movimiento DIYbio tenga que hacer alguna notificación oficial, la mejor manera para evitar problemas es darse a conocer y hacer saber siempre qué es lo que uno se propone con su proyecto de DIYbio a través de las redes sociales, asociaciones y reuniones como las organizadas en la ciudad de Seattle o los DIYbio Meetups Groups.



Links interesantes sobre DIYbio:
Indiebiotech
Free lecture videos/Biohacking
Wetware protocols for DIYbio
LA Biohackers Projects
GenSpace
BioCurious

por MALS